De ser amigos que compartían risas y confidencias, nuestro cariño fue creciendo sin que lo esperáramos y, poco a poco, el amor floreció entre nosotros.
Hoy, con el corazón lleno de gratitud y fe, buscamos la bendición de Dios para unir nuestras vidas bajo el sacramento del matrimonio.
Queremos compartir esta alegría y este momento sagrado con quienes han sido testigos de nuestra historia y nos acompañan en la vida.